Querida Amiga, Madrina Pedagógica y Hermana en la Fe:Alguna vez leí la siguiente frase que me dejó meditando, hoy me parece oportuno evocarla... "El día que parta dejo todo lo que tengo para llevarme todo lo que di".
Y es, en ese Dar, donde te identifico. Un Dar Sincero, Comprometido, Permanente; es por eso que "en la mudanza a ese barrio mejor" al cual partirste, fue con el alma desbordante de todo aquello que brindaste. Hoy realmente me cuesta pensar que no vas a abrir la puerta y aparecer con tu amplia sonrisa o con la seriedad que anunciaba que algo no había salido según lo previsto; pero siempre, permanentemente, te envolvía ese carisma y esa fuerza tan propia que te distinguía. Había un ángel inquieto en tu mirada, ya que con ella hablabas sin decir palabras, tus ojos eran una fuente de expresión.
Es imposible olvidar esa presencia permanente, podían pasar días sin que nos viéramos, pero bastaba con que uno tuviera un inconveniente, un mal momento, para que allí estuvieras, acompañando, conteniendo, con la mano abierta y la palabra justa. ¡¡Cómo olvidar, cómo no extrañar tanta contención, si siempre estabas presente!! En este momento, pasado ya un tiempo de tu partida, debo confesarte que a través de tu ejemplo, de tu entereza frente a la adversidad, de tu integridad, he comprendido lo que es la fuerza de la fe.
Querida amiga, no me alcanzarían las palabras para manifestarte mi agradecimiento por todo lo brindado, que se hace extensivo a Nuestro Señor por haberte puesto en mi camino, ya que tú eres ese ser que Dios pone en nuestras vidas para que podamos entender lo que significa la Fe, la Caridad, la Gratuidad.
Como hermano en la fe, recordando la oración de San Agustín, me despido, no diciendo adiós, sino hasta luego.
Tu amigo de siempre... Leonel Umanzor

No hay comentarios:
Publicar un comentario