sábado, 30 de agosto de 2008

Desde la cocina...

Me anima a escribir el afecto sincero hacia Fernanda y el deseo de compartir mi vivencia con aquellos que leen estas líneas. Con ella compartí cada mañana… yo, desde la cocina… ella, desde su estudio donde tenía su computadora…
Fernanda era una mujer de carácter fuerte, auténtica, lo que se veía de ella era lo que ella era, no había doblez. No le gustaban las mentiras, ni las hipocresías, ni las habladurías… Nos quería a todos como éramos, no importaba que “cargo” tuviera cada uno, o qué “título”… para ella valíamos todos igual, y todos teníamos algo que aportar. Por todos se interesaba y preguntaba… “¿cómo va todo? ¿cómo estás?”
Muchas veces la escuché “enojarse”…. pero muchas más la vi SUFRIR por lo sucedido… su corazón no guardaba rencores… Quienes tuvimos la gracia de conocerla, sabíamos que era una persona muy sensible, solo había que lograr trascender algunos momentos.
La sentí como una hermana, con ella podía conversar de mis cosas y a ella podía decirle yo también algunas cosas… y si alguna vez se molestó, no lo recuerdo, porque su disponibilidad y cariño, fueron siempre más
Yo solía llamarla, en este último tiempo, “su majestad”… sentía la necesidad de “servirla”, cuidarla y atenderla, como tantas veces ella nos cuidó y atendió a cada uno de nosotros… Ella solo respondía con una sonrisa.
Querida Fernanda: se te extraña mucho pero me quedo con todo aquello que aprendí a tu lado: servir a los más pobres, tratar a todos por igual, todos somos importantes, todos tenemos dones, trabajar en comunidad… Nos “machacaste” bastante el espíritu de Madre Antonia, eso de ser disponibles, gratuitos, desinteresados, sin hacer alardes… Ojalá Dios me regale un poco de tu valentía y coraje, de tu entereza y confianza, para afrontar las dificultades de la vida.
Te llevo en mi corazón por siempre.
LUZ BALEIX
p/d Prometo cuidar tus plantas

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