ARZOBISPADO DE MENDOZA
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“No hay Amor más grande que dar
Es muy difícil decir lo que vivimos en este momento, por eso es tan valioso acudir siempre a las palabras de
Hace un momento nos visitaba el obispo de esta diócesis y nos regalaba palabras de consuelo invitándonos a mirar con fe
Ahora mismo estamos celebrando
Tengo que decir que aunque separados por tantos kilómetros, muchos pastores y laicos de Mendoza –algunos pudimos llegar hasta acá- hemos seguido de cerca, con oración y afecto el camino de Cruz en la hermana Fernanda. Hemos hecho entre todos, los de más lejos o más cerca, una experiencia de comunión. Comunión en la impotencia y la compasión.
Está con nosotros
Así lo vivió Fernanda: “con Jesús”.
¿De qué otro modo sino con Jesús es que muchos de ustedes han podido acompañarla a Fernanda y ponerse a la altura de las circunstancias? Sin Él, nada podemos.
Quiero decir también que Fernanda, esta amiga y compañera de camino, ha sido una mujer coherente siempre. Murió como vivió. Luchando. Es verdad que esta etapa final de su vida ha sido de mucho sufrimiento pero me nace del corazón esto: no tenemos derecho a dejar solo este final en nuestra memoria, tenemos que ser capaces de recordar su vida, su entrega, su testimonio.
Al principio de la celebración eucarística hemos aprovechado como antífona de entrada las palabras de Jesús: “no hay amor más grande que dar la vida…” (Juan 15,13). Eso que aprendimos de Jesús, lo hemos reconocido en Fernanda. Así vivió y así murió, dándose, ofreciéndose,…Laicos, religiosas, su Instituto, sus familiares y amigos…tenemos que estar atentos al mensaje que Jesús nos ha dado, nos da y seguirá dando en el testimonio de vida de esta mujer.
Acá hay muchas personas que conocen muy bien a Fernanda. Yo solo digo algunas cosas. Claro, tengo que decir acá, lo que no dije al principio, soy sacerdote de la diócesis de Mendoza. La hermana Fernanda, también las hermanas Laura Gallo y Ausilia Borello presentes acá, me recibieron en
Algunas personas allá en Mendoza solían decir, un poco en broma un poco en serio: ¿¡esta mujer nació para mandar!?...(por las sonrisas de ustedes veo que eso también se ha dicho por acá). Yo quiero decir: Sí, esta mujer nació para mandar. Pero mandó con autoridad. Con la autoridad del evangelio. Fue capaz de mandar y a la vez de trabajar codo a codo con los demás. Con todos: obispos, pastores, religiosas, laicos.
Mandó con la autoridad que da el servicio humilde, esforzado, constante. De esta autoridad siempre tenemos necesidad en la vida, en
Fernanda ha sido sin duda una mujer carismática, apasionada, valiente, decidida. Llevaba en sus entrañas la fuerza del Evangelio, que unida a su temperamento, la enfrentó no pocas veces con la “contradicción”. Contradicción dentro y fuera de la vida eclesial. Me consta que su vida pasó por momentos difíciles. Nunca renegó de
Por eso quiero señalar también que Fernanda ha sido una mujer de gran comunión eclesial. Enamorada del Evangelio y del Concilio Vaticano II. Enamorada de la vida religiosa. Se propuso trabajar siempre con otros, rechazando toda forma de individualismo. Señaló siempre que el colegio, cualquier colegio no debía ser una isla. Luchó siempre por la integración, por una pastoral de conjunto, por la pertenencia parroquial y diocesana. Debo decir que tuvo siempre una actitud misionera también al interior de
He reconocido en Fernanda a una mujer de profunda fe, luchadora incansable por la justicia. Un equilibrio a veces difícil en todas las vocaciones, también en la vida consagrada. Donde estuvo Fernanda fue promotora de la justicia social. Alentó a los laicos para que estén donde deben estar, transformando la familia, la sociedad. ¡Cuánto bien han hecho y harán sus palabras y testimonio a la comunidad verniana!
Fernanda ha sido consejera de muchos: de niños y jóvenes, de esposos y esposas, de religiosas, seminaristas y pastores. De ricos y pobres. Se nos manifestó a tantos peregrinos como singular compañera de camino. Eso no se olvida.
Fernanda ha sido una mujer orante. Orar con la hermana Fernanda era sentirse invitado a orar en serio, abriéndole el corazón a Dios, sin reservarse nada. Ver orar a Fernanda permitía reconocer de lejos el único dueño de su corazón: el Señor. Vivió como una mujer consagrada y se le notó siempre.
El Instituto de Ivrea tiene que ser capaz de recoger muy bien la vida de esta discípula ejemplar del Señor. Su vida y su muerte, su Pascua, es promesa de gran fecundidad para
Fernanda, como dice Benedicto XVI, cerró sus párpados a este mundo para abrirlos para siempre ante Dios. Nos dejó en el día de
Alguien que quiere mucho a Fernanda dice que ella aprovechó la visita los ángeles para partir al Cielo con
Hermana Fernanda (María Ester) , discípula fiel, mujer creyente, orante, forjadora de justicia. Amiga fiel. Fuiste bendecida con una mirada creyente que sostuviste ante la vida y también ante tu propia muerte. En el día de
15 de Agosto de 2008, Asunción de Nuestra Señora
Pbro. Gerardo Raúl Aguado
Vicario General de
República Argentina

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